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El caso de la tetera caliente

Ayer aparecía una noticia que ha trascendido a todos los noticiarios debido a su capital importancia: realizar dos búsquedas en Google consume la misma energía que calentar una tetera, lo que equivale a una emisión similar de CO2 a la atmósfera (unos 15 gramos). Esta noticia parece ser la única información de interés que han extraído los medios del informe que, como resultado de dos años de estudios sobre consumo energético en sitios web, ha publicado el Doctor en Física Wissner-Gross.

Desde mi punto de vista, creo interesante que la población sea consciente de que todo, absolutamente todo, tiene una repercusión sobre nuestro medio ambiente. Esto es obvio, ya que formamos parte de un sistema que está en un delicado equilibrio, y cualquier alteración que causemos en el mismo tiene sus implicaciones. Así que si la forma de que nos llame la atención que usar algo tan “inofensivo” como es Internet tiene su coste es que se publiquen noticias como esta, bienvenidas sean.

En cualquier caso, creo que no hay que llegar a ser excesivamente simplistas. El ordenador que usamos para llevar a cabo las consultas también lleva asociado un consumo energético, que podemos estimar con herramientas como Local Cooling; “dejarlo bajando” para “amortizar” el coste de la conexión a Internet obviamente no es lo más recomendable para contribuir a minimizar nuestra huella ecológica. También es cierto que tanto Google como otras grandes empresas informáticas son conscientes de que lo verde vende, así que existen investigaciones en torno a medios para minimizar el consumo de sus servidores y, de paso, intentar ahorrar unas pesetillas. Ahora bien, medidas como instalar los datacenters en Islandia, porque el clima frío (que cada vez lo será menos, a pesar de que algunos digan que el cambio climático es una falacia), o al lado de un río para aprovechar la energía hidroeléctrica y tener una fuente de refrigeración cercana no son tan ecológicas como nos quieren hacer ver. Porque, por ejemplo, el calentamiento de los equipos sigue produciéndose, disipando además el calor sin que sea suficiente para reutilizarlo en la calefacción de los edificios, pero sí como para que altere su entorno, al producirse de forma constante. Por otro lado, los ríos ni son ni vertederos ni canales de riego (pese a quien pese, y se piense lo que se piense), sino ecosistemas en delicado equilibrio del que depende la vida en los mismos, en las zonas que riegan y en el mar o lago al que desembocan.

Los usuarios tampoco tenemos fácil la elección. ¿Equipos “ecológicos” de madera o bambú? ¿Desechar mi equipo antiguo por uno nuevo, cuando aún sigue funcionando y se utilizó tantísima agua y energía para fabricarlo, además de todo tipo de sustancias contaminantes, o tan escasas como el coltan?

Total, que todo esto de la noticia de la tetera, aparte de rellenar el hueco que vienen dejando en los informativos y la prensa escrita la huelga de pilotos de Iberia, las nevadas de Madrid (sí, soy consciente de que en toda la franja norte está nevando estos días, pero amigos míos, sólo se habla de la capital de España, qué le vamos a hacer ;) ) y la más que preocupante guerra (infinita) en la franja de Gaza, no creo que sea demasiado concluyente. Hay que consumir menos, sí, ahorrando energía antes que seguir produciendo más, dando a lo que compramos (dispositivos electrónicos, coches, muebles…) la vida más larga y útil que podamos. Y, sobre todo, hay que ser conscientes de cuanto hagamos tendrá sus implicaciones. Porque los gobiernos y las empresas, por supuestísimo, tienen su responsabilidad, pero ésta no nos exime de la nuestra. En relación con todo esto, os recomendaría un par de libros del gran pensador Saramago: su Ensayo sobre la lucidez y La Caverna.

Finalizando ya, según el estudio de Wissner-Gross los servidores que emiten vídeo generan 0.02 gramos de CO2 por segundo (aunque imagino que adicionalmente vendrá asociada una emisión paralela en múltiples servidores debido al streaming de vídeo). Así que os invito a una tacita de té, la cuarta parte de la tetera, si queréis oír esta canción sobre genocidio (llevado a cabo por el pueblo) judío, que desgraciadamente sigue tan vigente a día de hoy.


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    Encriptación de una unidad USB mediante TrueCrypt

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    Hace unos días hablaba sobre TrueCrypt y sus características principales, entre las que se contaban la encriptación “on the fly” (para que nos entendamos, en tiempo real, de forma transparente al usuario), así como la capacidad de encriptar sistemas de ficheros de unidades extraíbles, así como la creación de volúmenes cifrados que podríamos almacenar en nuestro ordenador o en un pendrive, y llevar encriptados con nosotros, sin riesgo a que nuestros datos sean vulnerados en caso de extraviar o de que nos sea robada la unidad. Además, al poder instalar TrueCrypt en la propia unidad USB, podemos llevarlo con nosotros y usarlo en cualquier tipo de sistema (al tratarse de software libre, podemos disponer además de las versiones compiladas para Windows o distribuciones de Linux como Ubuntu, de aquella versión personalizada que deseemos compilar por nuestra cuenta).

    Hoy veremos cómo se puede crear un volumen comprimido para llevar dentro de nuestra memoria USB. Lo primero es instalar TrueCrypt en el sistema. Para ello, haremos uso del propio asistente de instalación que incluye la aplicación. Aunque contiene una opción de “Extraer”, que permite extraer los archivos sin realizar ninguna instalación en el equipo, optaremos por la opción de instalación, exportando posteriormente, mediante la correspondiente opción del programa, TrueCrypt a nuestro pendrive.

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    La instalación es tan simple como seleccionar la ruta donde proceder a la instalación, y el típico “Siguiente, siguiente” a que nos tienen acostumbrados.

    Ahora procederemos a crear un volumen cifrado en el que almacenar nuestros datos. Seleccionaremos la aplicación TrueCrypt Volume Creation Wizard, bien ejecutándola desde el grupo de programas correspondiente a TrueCrypt, bien desde la correspondiente opción del programa. Se nos abrirá el asistente que permitirá configurar el volumen cifrado. Seleccionaremos la ubicación donde deseamos crearlo, y el tipo de cifrado que deseamos usar.

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    Como es posible usar diversos tipos de algoritmo criptográfico, e incluso combinarlos, TrueCrypt permite ejecutar una serie de pruebas de rendimiento (benchmarks) que nos darán idea de la tardanza en encriptar/desencriptar ficheros de diversos tamaños para cada algoritmo criptográfico.

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    Indicaremos a continuación el tamaño del volumen. Recomendamos que sea un buen porcentaje de la memoria USB (según nuestras necesidades, claro está), dejando libre parte del tamaño de la unidad, por un lado para incluir TrueCrypt, y también por si necesitásemos compartir el pendrive y permitir que graben información en él, o puedan recuperarla sin necesidad de autenticarse.

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    Introduciremos la contraseña que usaremos para cifrar la información del volumen.

     

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    También es posible incluir un fichero de clave, bien generándolo con TrueCrypt, bien usando uno existente. Para este fin puede valernos cualquier imagen o archivo MP3, por ejemplo, que deseemos incluir junto a TrueCrypt. Esto mejorará las capacidades de cifrado de la aplicación.tc09.png

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    Por último, generaremos una semilla aleatoria moviendo al azar el puntero del ratón sobre la ventana de TrueCrypt. Tras esto, el volumen habrá sido creado, y podremos usarlo copiándolo en el pendrive (si no lo generamos allí desde un principio).

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