
Recuerdo con gratitud los años mozos en los que las vacaciones eran, en buena parte de su duración, tiempo para “viciarse” a los juegos de ordenador que compartía con mis amigos, y que intentábamos pasarnos de forma cooperativa o competitiva, tanto daba una cosa como la otra. Si el juego se nos resistía, colaborábamos, si no, nos empecinábamos en terminarlo antes que los demás. Eran tiempos de seguir al vejete de Mêlée Island y combatir con insultos a la Sword Master, de aprender la palabra mágica Muzaq para enfrentarnos a Uukrul, o de batir un record en tiempo a la hora de rescatar a la princesa de las garras del terrible Jaffar.

Antes incluso de todo esto, me viene a la memoria un increíble juego para los 8 bits, el primero que adquirí, llamado Ranarama. Aunque se ha dicho una y mil veces que era una especie de clon del Gauntlet, nada más lejos de la realidad. Ranarama abrió el camino de los juegos de rol, llevando a Mervin, su protagonista convertido en rana, a lo largo y ancho de varios niveles de laberintos con el único objetivo de limpiar de enemigos el castillo y, de paso, recuperar la forma humana. Digo que Ranarama no es una nueva versión de Gauntlet y lo digo con conocimiento de causa: sus laberintos permanecían ocultos, desvelándose habitación por habitación, existían numerosos tipos de hechizos (de ataque, defensa, conocimiento…) que mermaban las fuerzas de Mervin cuando los invocaba, por lo que debían usarse con prudencia, aunque podían tener efectos devastadores. Requerían del fortalecimiento de nuestro héroe para poder acceder a niveles mayores de sabiduría. Si conseguíamos por un casual suficientes runas, tras la lucha con los Warlocks, para adquirir hechizos demasiado poderosos, y aún no estábamos preparados para su uso, posiblemente caeríamos rendidos por nuestras propias ansias de poder.

Con semejante argumento y desarrollo, Ranarama, de Steve Turner (Graftgold) y publicado por Hewson en 1987, se convirtió en uno de mis títulos preferidos de Spectrum. Así, es natural que cuando descubrí años después que se estaba desarrollando un remake del mismo para PC, acudiera ansioso a la web de los creadores para ver las maravillas que prometía el nuevo juego. Gráficos y banda sonora renovada y, sobre todo, la posibilidad de jugar de nuevo a Ranarama, me maravillaron. Sin embargo, por aquel entonces, hará unos dos años, el proyecto parecía detenido. Esta Semana Santa, aprovechando las vacaciones, he vuelto a recordarlo y me he sorprendido al encontrarme el juego terminado y listo para su descarga, bajo el nombre de Ranaremake. La verdad es que lo he estado jugando y promete ser un digno sucesor de aquel maravilloso juego que me tuvo enganchado durante meses. Os lo recomiendo encarecidamente. Y de paso, no dejéis de echar un vistazo a otros remakes de juegos imprescindibles, como el Capitán Sevilla o Sir Fred.



