No reconocer a dÃa de hoy que nuestro planeta posee una cantidad finita de recursos sólo puede ser sÃntoma de ignorancia supina o necedad. Es por ello, y porque de su salud depende nuestra existencia, que se hace cada vez más necesario ser conscientes de este hecho, limitando nuestro consumo (consumismo, más bien) y optimizando el uso de los recursos, reciclando y contaminando menos.

El auge de la industria tecnológica requiere más y mejores medidas para regular la emisión de contaminantes y reciclar la mayor parte de materiales y componentes de los productos fabricados. Hace un año, Greenpeace emitió un informe, a resultas de las investigaciones que llevaron a cabo en esta materia, clasificando las principales empresas del sector en función de la gestión más o menos respetuosa con el medio ambiente que llevasen a cabo. En dicho informe la compañÃa de Steve Jobs, Apple, no salió muy bien parada, pero sà Lenovo o Nokia, por poner un par de ejemplos. Un año después, Greenpeace lanza otro informe, esta vez centrado en el incipiente mercado de la informática de consumo, en particular en su vertiente más lúdica, la de las videoconsolas. En el informe de Greenpeace, se resume un estudio centrado en las videoconsolas más conocidas, y los resultados no pueden ser más desoladores. Si bien es cierto que, en general, se ha reducido el uso de sustancias contaminantes en los materiales y el proceso de fabricación de las consolas, no lo es menos que siguen usándose habitualmente productos como el cloruro de vinilo (para la fabricación del PVC), ftalatos, berilio, bromo o arsénico. Las compañÃas (Nintendo, Sony y Microsoft, principalmente), se defienden de las acusaciones indicando que sus productos se comercializan siguiendo las leyes de los paÃses en que son distribuidas. Ante esto, Greenpeace arguye que la Comunidad Europea no contempla las videoconsolas como juguetes aun cuando son ampliamente usadas por niños, por lo que su distribución no se rige por unas leyes más estrictas que impedirÃan, de ser aplicadas, su comercialización. A esta problemática, la de su uso y distribución, se suma la de los desechos que terminan en muchos casos en vertederos incontrolados, en paÃses en vÃas de desarrollo, y de la que sólo una parte son reciclados.
Ante esto, nos queda plantearnos, como consumidores afectados por las polÃticas empresariales que buscan el bajo coste y la mayor ganancia, hasta qué punto dejaremos pasar estos juegos sucios sin levantar la voz.
Game Over.
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Etiquetas: gran hermano, Medio Ambiente, tecnologÃa, videojuegos








