
Cuando registramos un dominio, o cuando cambiamos de proveedor de hosting (o instalamos nuestra página o aplicación web en un servidor propio), el nombre de dominio asociado a dicha ubicación real (un servidor concreto de la infinidad de nodos que componen Internet) debe actualizar la dirección IP a la que apunta. Esto, gracias a los servidores de DNS (Domain Name System), permite que desde cualquier ubicación de la red pueda visitarse nuestra página, simplemente conociendo nuestra URL, de la que forma parte el nombre de dominio. Este proceso, aunque rápido y automático, requiere su tiempo. Los servidores de DNS van reiniciándose cada cierto tiempo (usualmente unas 24 horas), y conforme lo hacen van propagando los cambios en los dominios a los que apuntan, y actualizando sus tablas de correspondencia Nombre de Dominio – Dirección IP.

Hace unos dÃas registré un nuevo dominio .es y, además, debà cambiar los DNS que tenÃa asignados. Para ver cómo se propagaba el cambio, y en qué estado estaba el dominio en diversos servidores DNS usé la página Squish, que permite realizar diversas consultas (estados de A, CNAME, SOA, NS…) sobre el dominio que le indiquemos. En mi caso, la propagación ha estado produciéndose durante más de dos dÃas (unos DNS iniciales durante el registro, más el cambio que llevé a cabo en NIC posteriormente), terminando con pleno éxito, a menos que la página caiga en uno de los agujeros negros que pululan por Internet.
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